Así viven los más pobres de Nueva York

Las llamadas “three quarter houses” presentan condiciones de extremo hacinamiento. Muchos de sus usuarios son latinos.

Publicado en El Diario de Nueva York, el 13 de diciembre.

José Arbelo, de 49 años, se despertó el viernes en la mañana, se lavó la boca y se preparó para bajar las escaleras a la cocina, las que debe pasar con cuidado, debido a su discapacidad que le dificulta el caminar. “No vayas para allá, que hay un río”, le dijo un amigo. Sobre el concreto de la cocina común que comparte todo el edificio -alrededor de setenta personas- había grandes pozas que hacían imposible caminar. El agua provenía de retretes que habían colapsado.

“Yo ya quiero salir de este lugar”, dice Arbelo, uno de los cientos de neoyorquinos a los que no les queda otra opción que vivir en las llamadas “three quarter houses”, residencias de transición con severos problemas de hacinamiento, limpieza e infraestructura. Según la organización MFY Legal Services, habría alrededor de 400 de estos recintos en la ciudad, pero un equipo de trabajo creado por el alcalde De Blasio sólo ha podido ubicar 80 locaciones.

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Estrella entre las estrellas

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Cada vez que camina por las calles de Nueva York, a Neil deGrasse Tyson lo saludan cientos de personas. La fama, dice el astrofísico, es algo sobre lo que piensa y, de alguna manera, hasta busca. Pero todo es para que más gente conozca su pasión: la ciencia. 

Publicado en revista Qué Pasa, el viernes 10 de abril, 2015.

Fue antes de la televisión y de la radio. Fue antes de que conociera a presidentes, y que los presidentes lo conocieran a él. Fue antes de que fuera el director del planetario Hayden, en Nueva York, y antes de sus libros y sus videos de YouTube. Empezaban los años 90 y Neil deGrasse Tyson pasaba sus días en Cerro Tololo, mirando al cielo. “Fui muchísimas veces, al menos diez. Ahí obtuve datos para mi tesis y participé en muchas conferencias. Disfruté el vino, eso es lo que recuerdo más”, dice riéndose este astrofísico de 56 años.

Desde entonces, no ha vuelto a Chile. “Todos eran muy amables. Siempre he querido volver a buscar más datos”, recuerda, al teléfono, en conversación con Qué Pasa. Después vendría un posdoctorado en Princeton, su labor como director del planetario de Nueva York, decenas de columnas en diarios y revistas, premios y el programa de televisión científico NOVA ScienceNow y luego Cosmos. Su vida cambió y ya no hay tiempo para viajar a los observatorios, entre apariciones en televisión, miles de tuiteos, charlas, conferencias. Tanto así que prácticamente ha dejado de publicar estudios científicos. Ese costo, que le duele, tiene una ganancia que lo alegra: el ser uno de los más prominentes comunicadores científicos del mundo.

Lo último que lo tiene ocupado es un nuevo programa de televisión, Hablemos del cosmos, que NatGeo estrena el miércoles 22 de abril. La idea es ambiciosa. Luego del éxito de la serie Cosmos, que actualizó el programa original de Carl Sagan de los 80, Tyson decidió utilizar el modelo del talk show. “Yo ya tengo un podcast llamado Star Talk, donde tengo invitados muchas veces no científicos, sino de la cultura pop”, explica el astrofísico, “entonces pensé que quizás esta fórmula diferente podría ser interesante. La idea es invitar a este tipo de personas  y tener una conversación sobre cómo la ciencia ha influenciado sus vidas”.

Es así como, por ejemplo, invitó al ex presidente estadounidense Jimmy Carter, pero no hablaron de política, sino que conversaron de las pasiones más escondidas del ex mandatario. “Hablamos de sus primeros años de carrera, cuando enseñó astrofísica. Y del interés que tuvo recién salido de la universidad en la biología y cómo erradicar las enfermedades infecciosas del mundo”, dice Tyson.

Entre otros invitados, la primera temporada contará con la presencia del actor George Takei, de Viaje a las estrellas; la creadora del Huffington Post, Arianna Huffington; el biólogo inglés Richard Dawkins; y el cineasta Christopher Nolan, director de la última saga de Batman y la cinta Interestelar.

Con Nolan justamente conversará de esa película, donde un científico crea un plan para transportar a la población del planeta Tierra hacia un nuevo mundo, a través de un agu jero de gusano. “Al respecto puedo decir esto: cualquier esfuerzo que se haga para recomenzar la civilización va a ser más trabajo que simplemente arreglar el problema en la Tierra”, comenta Tyson.

No es la primera vez que se refiere a la película, ni a películas en general. Sus videos en YouTube explicando el final de la misma cinta han superado el millón de visitas. Antes de eso, explicó los aciertos y errores de Gravedad, de Alfonso Cuarón, a través de una serie de tuiteos. Tampoco ha dejado de comentar temas donde la política y la ciencia se mezclan, como la evolución o el cambio climático, donde ha criticado al Partido Republicano y a quienes niegan este fenómeno. “Se ha dicho que cada gran verdad científica pasa por tres etapas: primero, la gente dice que no puede ser verdad; luego, que está en conflicto con la Biblia; y tercero, dicen que siempre fue verdad. La evidencia seguirá apareciendo. Vendrán más tormentas y pérdida de la costa”, dijo el científico en una entrevista en MSNBC. “La gente va a comenzar a perder su dinero por esto y ahí cambiará su manera de pensar rápidamente, sobre todo en una cultura capitalista”.
Porque a algo a lo que Tyson se ha acostumbrado es a aprovechar de manera creativa cada oportunidad para “vender” la ciencia y mostrar su relevancia en la vida diaria. Con más de 3,4 millones de seguidores en Twitter, constantemente está opinando y conversando con sus fanáticos. Se mueve con comodidad en programas matinales, en Reddit o en la popular feria Comic-Con, en San Diego, donde se presentan películas de fantasía, series de televisión y novelas gráficas. “Es una extraordinaria celebración del universo geek”, ha dicho Tyson, quien en charlas con otros científicos los ha animado a abrazar la cultura pop. “Ustedes son todos astrónomos. Aprendar a bailar el moonwalk… Lo necesitarán un día”, dijo en una charla de la Sociedad Americana de Astronomía.

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Ciencia de titanes

Lo que hace el chileno Julio Fernández no puede sino ser calificado como ciencia de punta: en la Universidad de Columbia está creando una nueva área, la mecanobiología. La historia de cómo llegó a esto es una lección de lo que él cree que se necesita en la academia nacional.

Publicado en revista Qué Pasa, el 20 de febrero, 2015.

“Tú te conviertes siempre en lo que te rodea”, dice Julio Fernández. Lo que a él lo rodeaba en su hogar era un ambiente poco común en Chile. Por su casa pasaban sus tíos Julio Philippi, abogado y ex ministro, y Jaime Eyzaguirre, connotado historiador. Llegaban amigos de la familia de Europa. “Y hablaban de otros temas, de grandes cosas, no de política y la vida diaria”, comenta Fernández, nacido en 1954.

A él lo motivaban intereses que a sus compañeros de colegio no les importaban tanto, como la electrónica, las radios, los transistores. A los trece o catorce años tomó un curso por correo, a distancia. Al tiempo le llegó su título de “reparador de timbres” desde Los Ángeles, California. “Era mi orgullo”, dice. El diploma todavía lo tiene en su oficina. “De regalo de Pascua, mi madre me compraba osciloscopios, voltímetros”, recuerda Fernández, “al resto no le prestaba atención. Me gustaba ir a esquiar, pero no era una cosa que me matara… Y también soñaba con venir a Nueva York”.

Fernández quería visitar el Rockefeller Center, ese gran edificio en la mitad de Manhattan. Ahí donde está esa grandiosa estatua de bronce, el titán, Atlas, la impactante escultura que representa la fuerza. Hoy trabaja no muy lejos de ahí, a una media hora en metro. En su laboratorio en la Universidad de Columbia, este físico de la Universidad de Chile y doctor en Fisiología de la UCLA dirige a un grupo de científicos que están abriendo un nuevo campo: utilizan la física para entender más profundamente  la biología, empleando instrumentos de precisión nanoscópica. Así están fundando el nuevo campo de la llamada mecanobiología.

Pero lo de terminar en Nueva York, el lugar que él admiraba cuando pequeño, no es algo que buscó. No hubo un plan. De hecho, para él nunca hubo un momento en que dijera “quiero ser científico”. Las cosas no pasaron así. “En el fondo, tú eres un títere de las circunstancias”, comenta Julio Fernández. Las circunstancias y, sobre todo, quienes te rodean. “Si yo tuviera que darle un consejo a alguien joven es ése: rodéese de la gente en que se quiere convertir, porque lo demás es inevitable. Si te rodeas de gente que son intelectuales, en eso te vas a convertir”.

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El sonido de un fenómeno

El podcast “Serial” se ha convertido en el último fenómeno cultural en EE.UU. y más allá. Para millones de auditores, comentar cada episodio se hizo una necesidad urgente y sobrevivir a su final, una tarea difícil.

Publicado en revista Qué Pasa, el 19 de diciembre de 2014.

“Yo tengo una teoría de quién fue el asesino”, dice una chica de unos treinta años. Es la medianoche en una oficina de Nueva York y ya quedan pocas luces encendidas. Pero la chica y un compañero de trabajo siguen conversando sin parar. Obsesivamente. Con ese entusiasmo algo maniático que causan pocas cosas hoy en día. Eso quizás provocó la primera temporada de Lost. O quizás una película de la que ya no me acuerdo. “Yo creo que fue Jay el que la mató”, dice ella y sigue explicando su teoría casi sin respirar.

Están hablando de una historia que ya no debería ser historia, de un crimen que sucedió hace más de diez años. En 1999, Hae Min Lee, una estudiante 17 años, desapareció en Baltimore. Nunca volvió a su hogar después de clases. Un mes después, su cuerpo fue encontrado en un parque y su ex novio, Adnan Syed, fue arrestado por el crimen. Syed era un adolescente fuera de lo normal, pero para bien: de buenas notas, deportista destacado, querido por casi todos en la escuela. Pero eso no lo salvó: el jurado, al ver la evidencia, lo condenó casi inmediatamente.

¿Por qué una historia de crónica roja que ya duerme en los archivos puede generar la pasión que ha creado el crimen de Hae? La culpa la tiene un podcast, un programa de radio que no se transmite en estaciones de radio convencionales. Se llama Serial y ya ha sido descargado gratuitamente más de cinco millones de veces. Es el podcast más escuchado de la historia y este jueves terminó su primera temporada.

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El chiste de la ciencia

El año pasado, los Ig Nobel premiaron a investigaciones que midieron la física de cuando alguien se tropieza con una cáscara de plátano y cómo tener un gato te puede hacer enloquecer. Suena a una especie de travesura científica, pero para su fundador, Marc Abrahams, esta ceremonia tiene un rol fundamental, y muchas veces olvidado por el mundo académico.  Algo de eso es lo que expondrá en su visita a Chile a fin de mes.

Publicado en revista Qué Pasa, el viernes 10 de octubre, 2014.

Marc Abrahams debe haber tenido alrededor de diez años, pero recuerda bien el titular: “Un hombre tira la cadena del baño y su casa explota”. Recortó la noticia y la guardó en un álbum, como solía hacerlo cada vez que encontraba una de esas notas que le hacían reír. Había comenzado a leer los diarios desde muy pequeño. Era la época donde los periódicos se hacían con las imprentas a la antigua y, a veces, en las placas quedaban recuadros vacíos. “En la página tres tenían un espacio en la esquina y lo rellenaban con una historia inusual”, recuerda Abrahams, “yo siempre amé esas historias inusuales”.

Pasó el tiempo y Abrahams estudió matemática aplicada en Harvard. Luego creó su propia empresa de software, pero nunca abandonó el gusto por coleccionar pequeñas historias curiosas. “Era algo que hacía en mis ratos libres. Lo hacía para mi propia entretención. A veces, les mostraba algunas de estas notas a mis amigos, pero eso era todo”, dice desde Boston, donde trabaja como editor de la revista científica Annals of Improbable Research y organizador de los IG Nobel. “Pero, después de un tiempo, por ahí por 1990, pensé que quizás estas cosas que coleccionaba podrían terminar publicadas en algún lugar”, explica Abrahams. Mandó un artículo a una revista llamada Journal of Irreproducible Results y unas semanas después lo llamaron por teléfono no para publicarlo, sino para pedirle que fuera el editor de la publicación. 

Al año siguiente se le ocurrió hacer una premiación con algunas de las historias que había recolectado. La llamaron Ig Nobel (la palabra ignoble en inglés quiere decir común o no honorable, vulgar). Establecieron diez categorías, desde Física hasta Paz, y se los dieron a trabajos que, en algunos casos, parecían ridículos.

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El fan de las bacterias

A pesar de que su Nobel de Medicina lo ganó trabajando en el ADN, Richard J. Roberts tiene clara su pasión científica: las bacterias. Para él, la atención no debería estar en el cerebro, como la ambiciosa iniciativa gubernamental lanzada en EE.UU., sino en descubrir este micromundo que podría ofrecer soluciones rápidas a grandes problemas de salud.

Publicado en revista Qué Pasa, el viernes 3 de octubre, 2014.

A veces, la vida se juega en los detalles. Algunos de ellos son pequeñísimos, invisibles a la vista humana. Como un microorganismo de sólo 0,0003 centímetros de largo que tres de cada cuatro adultos chilenos alojarían en su sistema digestivo (y la mitad de la población mundial). Se trata de la bacteria Helicobacter pylori. “Es un organismo particularmente complejo”, dice el científico británico Richard J. Roberts, “porque, por una parte, puede causar úlceras y cáncer y puede ser muy malo para ti. Pero, por otra parte, tiene un lado bueno: hay evidencia cada vez mayor de que puede protegerte del asma”.

De este mundo y de las bacterias es algo que a Roberts le apasiona conversar y, de hecho, lo hará durante la Segunda Conferencia Internacional de Cultura Científica, que organiza la Universidad Andrés Bello entre el 20 y 22 de octubre. Biólogo molecular y uno de los principales investigadores de la compañía New England Biolabs, en 1993 ganó el Premio Nobel de Medicina por su trabajo en genética, que permitió acelerar las investigaciones sobre el ADN. “Nunca dejé las bacterias, pero ahí comencé un proyecto paralelo, trabajando en virus en animales y ahí es cuando descubrimos el splicing”, dice Roberts.

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Una vieja pregunta

Heinrich Jasper se dedica a una de las interrogantes más antiguas de la ciencia: ¿Cómo y por qué envejecemos? Parte del Buck Institute, centro de investigación abocado exclusivamente al tema, Jasper estudia la mosca de la fruta buscando descifrar cómo extender nuestras vidas, y de paso entender muchas de nuestras enfermedades.

Publicado en revista Qué Pasa, el viernes 8 de agosto, 2014

El pelo y la barba de Heinrich Jasper son de color rojo fuerte. Sus hijos, al igual que él, también son colorines. Esto es, muchas veces, algo muy práctico, comenta riendo: si ve a un grupo de niños, puede identificar a los suyos rápidamente. “Es una característica genética simple”, dice Jasper, “y es lo mismo que hacemos con las moscas”. La comparación es natural: en su laboratorio, este científico y sus investigadores tienen el desafío diario de identificar miles de moscas de la fruta con características genéticas específicas, que les ayudan a estudiar el envejecimiento. Tienen distintos “marcadores”: algunas moscas tienen ojos rojos o blancos, otras tienen sus alas curvadas, otras tienen pelos en su espalda.

“Con esto marcamos otros genes que no podemos seguir a simple vista, pero que están ahí. Ésos son los que nos interesan, porque pueden afectar cosas particulares que estudiamos. Por ejemplo, genes de cáncer”, explica este científico alemán que llegó a trabajar hace dos años al Buck Institute, en las cercanías de San Francisco, en California. La particularidad de este centro es que es la primera institución de Estados Unidos dedicada exclusivamente a investigar el envejecimiento. “Estamos tratando de entender cómo ciertos procesos biológicos, los genes y otros fenómenos influencian el envejecimiento y la expectativa de vida de los organismos multicelulares”, dice Jasper, quien estuvo en Chile la semana pasada invitado por el Instituto Milenio de Neurociencia Biomédica, BNI. La idea es lograr que el hombre viva más, pero, para llegar a eso, el científico trabaja en moscas de la fruta y otros animales, como el ratón. 

El problema es que el envejecimiento, la aparentemente simple pregunta de por qué envejecemos, no tiene una respuesta clara aún. Si las células tienen capacidad de regeneración, ¿por qué no simplemente los organismos se regeneran eternamente?

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The epicentre of Argentina’s hope

One year ago, the state-owned oil company YPF signed a multi-million dollar agreement with Chevron that is expected to change the destiny of Argentina: together, they will exploit Vaca Muerta, Latin America’s biggest shale deposit. But there is something that already changed: the little town of Añelo, that has gone from a population of 2,500 to more that 5,000.

Published in Qué Pasa magazine June 26, 2014. Original version available here.

“Hello?,“ says the concierge of the Sol de Añelo Hotel. It’s Sunday, almost six in the evening and the first match of Argentina in the World Cup is about to start. But the people in the hotel are still walking around and working. A man and a woman with light blue shirts and the logo of the French oil company Total don’t stop typing on their laptops. A couple of workers in their YPF overalls walk by the hall. Outside, a dozen pickup trucks of the Argentinian state oil company are parked and on the highway there’s a parade of trucks of the American companies Halliburton and Schlumberger, taking water to the oil and gas pits. "No, sir, we don’t have any availability,” says the concierge before hanging up the phone.

When the match begins, the activity decreases. But it doesn’t stop. It never does. The trucks must keep carrying water to the drilling holes. Only YPF has already dug 198 wells. This, without even counting the ones that Total, Exxon, Shell and Petrobras are digging. They are all here and they work from Monday to Sunday. It something that Alejandra Díaz knows, since she has been managing the hotel for almost ten years. She is Chilean, but she has the Argentinian accent, like so many Chilean immigrants in the province of Neuquén, in the south of Argentina. “When I arrived here, this hotel had eight rooms. You wouldn’t believe the filth it was,” Díaz remembers. “Everything was very precarious, very small town”. Afterwards, foreseeing what would happen, the hotel expanded. They build new bathrooms, more bedrooms and then another one and another one. “Today we have reached 72 rooms. 50 are taken permanently by these companies, sometimes in a monthly basis, sometimes for the whole year,” she explains. Only Total has ten bedrooms and they refurbished eight more to make them into permanent offices. From Monday to Friday, the YPF workers fill around thirty tables in the dinning halls, when they came down from the drilling areas to have lunch in the hotel.

It was only a matter of time before the drilling of shale oil and gas (also known here as non-conventional) would cross the border of the United States, where it started its expansion seven years ago. In the USA, the development of two techniques -horizontal drilling and fracking, which enables one to get gas and oil that is trapped in bubbles between rock layers- is allowing America to dream about the energy independence. In Argentina, in 2011, YPF (then called Repsol-YPF, before it was nationalised) announced that they had found the biggest source of shale in Latin America in Vaca Muerta, a geological formation 3,000 meters under the surface of Neuquén. According to the Department of Energy of the United States, that area would have the equivalent of 16,2 billion barrels of oil and 308 trillion cubic feet of natural gas. But Argentina had to overcome two problems to be able to extract these resources from the depths. 

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El secreto rol de EE.UU. en la crisis del Beagle

A 30 años del Tratado de Paz y Amistad entre Chile y Argentina, documentos desclasificados de la CIA y testimonios inéditos revelan cómo la Casa Blanca monitoreó la crisis diplomática y movió sus fichas para evitar un conflicto armado en la región.

Publicado en Qué Pasa el viernes 29 de agosto, 2014. Trabajo realizado junto a Juan Pablo Sallaberry.

Jimmy Carter subió al estrado en ciudad de Panamá y comenzó a hablarles a los líderes latinoamericanos. “Estoy orgulloso de estar aquí como parte del grupo más numeroso de jefes de Estado que jamás se hayan reunido en el Hall de las Américas”, dijo Carter. Pese al tono amigable, en la audiencia estaban dos mandatarios que Estados Unidos había dudado seriamente en invitar al evento: los generales Jorge Rafael Videla, de Argentina, y Augusto Pinochet, de Chile.

“Yo le recomendé no traer a Pinochet y Videla”, recordó Robert Pastor, quien era uno de los principales asesores en temas latinoamericanos del gobierno de Estados Unidos. “Zbigniew Brzezinski (consejero de Seguridad Nacional de la época) estuvo de acuerdo en decirle esto a Carter: que invitemos a los presidentes de las democracias y a los ministros exteriores de los otros países, pero Carter decididamente quería traer a todos los presidentes, sin importar su procedencia”. La cita es parte de la investigación que hizo recientemente el cientista político Andrés Villar, investigador chileno de la Universidad de Cambridge que, para su tesis doctoral, estudió la relación de Argentina y Chile durante el conflicto del Beagle, entre 1977 y 1984.

Un documento que a 30 años del Tratado de Paz y Amistad entre ambos países revela capítulos inéditos de la crisis diplomática y arroja luces sobre el desconocido rol que desempeñó la Casa Blanca para evitar un enfrentamiento armado en la región. “A mí me interesaba mucho ver cómo actuaron los actores internacionales durante esta época”, explica Villar desde Inglaterra, “y me hacía ruido que no existiera mucha información sobre la participación de Estados Unidos en este conflicto, porque Estados Unidos tenía especialmente un rol hegemónico en la región”.

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El británico en el frente chileno

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Fue un hombre clave para Gran Bretaña durante la guerra de las Malvinas, aunque no disparó ni un solo tiro. Sidney Edwards, oficial de la RAF, se encargó de coordinar la ayuda que Chile le dio a las fuerzas británicas. Luego de 32 años, hoy habla por primera vez.

Publicado en Qué Pasa el 4 de julio, 2014.

Patricia estaba preocupada. Era 1982, la guerra acababa de empezar y ahora estaban ordenando a su esposo, de un día para otro, dejar su trabajo en Londres. Más que eso, ella no podía saber. “Patricia se había acostumbrado al hecho de que a veces no le podía contar lo que estaba haciendo”, recuerda Sidney Edwards, su marido y, en esa época, oficial de la fuerza aérea británica. “Como hablas español bien y por tu experiencia, obviamente esto tiene que ver con las Falklands”, le dijo Patricia. Él simplemente sonrió y dejaron de hablar del tema. Un par de días después estaba en un avión rumbo a Sudamérica.

“Más tarde me diría que pensó que yo estaba en Argentina todo ese tiempo, espiando, y eso la tenía muy preocupada. Me dijo también que si hubiera sabido que estaba en Chile no se habría preocupado tanto”, explica desde Inglaterra el aviador retirado, quien está a punto de publicar en su país el libro My Secret Falklands War (de la editorial británica Book Guild). Nacido en 1934, cuando los argentinos invadieron las Malvinas, Sidney Edwards era un experimentado oficial de 47 años. Antes había sido agregado aéreo en Madrid -donde aprendió español- y, además de ser piloto, tenía conocimientos de inteligencia y de operaciones conjuntas con las otras ramas de las fuerzas armadas. “Tenía una combinación inusual de elementos que se necesitaban para esta misión”, dice Edwards.

Su objetivo era conseguir y coordinar el apoyo del gobierno de Chile a la defensa británica de las islas del Atlántico Sur. 

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